No fue el Mundial soñado para la Selección Mexicana Femenil U17, que despidió la fase de grupos de la Copa del Mundo FIBA U17 sin resultados favorables. Pero cuando el marcador no acompaña, siempre hay algo que rescatar, y en este caso ese algo tiene nombre propio: Jimena Velázquez, de apenas 16 años, se plantó frente a potencias mundiales y salió como la gran figura ofensiva de un equipo que necesitaba exactamente eso.
Que una adolescente cargue con la responsabilidad ofensiva de la selección frente a rivales de talla internacional no es cualquier cosa, y Velázquez lo demostró desde el debut ante China: 15 puntos, ocho rebotes y cuatro asistencias en 33 minutos con cuatro segundos, siendo de las jugadoras más constantes en cancha. Ni el nerviosismo del estreno mundialista la sacó de su juego.
Contra España repitió la dosis con 12 unidades, tres rebotes y cuatro asistencias en poco más de 33 minutos, manteniéndose como la principal opción ofensiva del tricolor. Dos partidos, dos actuaciones sólidas, y ya empezaba a quedar claro que esto no era casualidad de un buen día.

La consagración, sin embargo, llegó ante Alemania: 21 puntos, cuatro rebotes, seis asistencias y ocho robos de balón en 38 minutos con cinco segundos, la clase de actuación integral que no se ve todos los días en una jugadora de su edad. Anotar es una cosa, pero robar ocho balones frente a una selección europea habla de una lectura de juego que va más allá del talento puro.
Al final, las derrotas quedarán en el expediente de esta fase de grupos, pero lo de Velázquez ya quedó registrado como algo más importante: la confirmación de que México tiene entre manos a una de las grandes promesas del baloncesto nacional. Medirse contra potencias internacionales a los 16 años no es un simple trámite; es la clase de experiencia que forma jugadoras, y de paso fortalece todo el proceso del baloncesto femenil mexicano que sigue buscando su próxima gran generación.
Con actuaciones como estas, Jimena Velázquez no solo deja buen sabor de boca para el presente, sino que manda una señal clara hacia el futuro: la próxima vez que México dispute un Mundial, la afición ya sabrá exactamente hacia dónde voltear cuando el equipo necesite anotar.

