¡Por fin se rompió la maldición! México debuta ganando en “su” Mundial, pero el Vasco ya tiene dolor de cabeza

Abran los botes y preparen la carne asada, que por fin se nos hizo ver algo histórico… y no, no nos referimos a los precios de las cheves en los estadios. La Selección Mexicana arrancó el Mundial 2026 venciendo 2-0 a Sudáfrica en la cancha del Estadio Ciudad de México. Más allá de la fiesta y el folclor que tanto le encanta presumir a la FIFA, el resultado es oro puro: es la maldita primera vez en la historia que el Tri logra ganar un partido inaugural en una Copa del Mundo. Ya nos tocaba una alegría de arranque, aunque claro, como buen equipo mexicano, no podíamos bajarnos del barco sin sufrirle tantito.

Los de la revancha: Quiñones y el ‘Lobo’ responden

Las anotaciones de la noche tuvieron un guion digno de película de superación personal, ideal para callarle la boca a los eternos reventadores.

  • Julián Quiñones: Abrió la cuenta mandando a guardar el balón, recordándole a Javier Aguirre que el talento no se mide por qué tanto le llenas el ojo en los entrenamientos, sino por lo que haces en la cancha.
  • Raúl Jiménez: El “Lobo” por fin se quitó la malaria y gritó su primer gol en Copas del Mundo. Vaya forma de cobrar facturas pendientes con el destino para dos futbolistas que llegaron a este torneo con el orgullo herido y sed de revancha.

El dato: Con este triunfo, México rompe una racha histórica negativa en partidos de inauguración mundialista. Ya era hora.

Mucha fiesta, pero nos faltó el “ponch”

La mala nota de la noche —porque con el Tri la felicidad completa no existe— la puso César Montes. Al ‘Cachorro’ se le cruzaron los cables, vio la tarjeta roja y dejó claro que extraña el orden de la Sultana, porque ahora el Vasco Aguirre tendrá que parir cuates para armar la defensa contra Corea del Sur.

Lo verdaderamente preocupante vino después. Sudáfrica se quedó con 10 hombres casi todo el segundo tiempo por la expulsión de Sphephelo Sithole y, en lugar de meter el acelerador para armar una goleada de esas que ilusionan a los “expertos” de la capital, el Tri fue de más a menos. Terminamos pidiendo la hora, con Javier Aguirre pegando de gritos en la banca y la afición con el Jesús en la boca. Ganamos, sí, y se festeja, pero de este lado del país sabemos perfectamente que si queremos trascender, no se puede andar perdonando la vida de esa manera. ¡Hay que liquidar, señores!

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